Silicon Valley ha sido un terreno fértil para innovaciones revolucionarias durante años, las cuales han cambiado la vida contemporánea. En ese lugar nacieron grandes empresas como Google, Tesla o Apple. Sin embargo, en ese mismo entorno de creatividad, ambición y capital circulante también surgió una de las narrativas más impactantes y arriesgadas del siglo XXI: Theranos, la empresa emergente que se comprometió a revolucionar el sector médico y que acabó siendo uno de los engaños corporativos más grandes de los tiempos modernos.
Esta es la narración íntegra de cómo Theranos ascendió y luego se derrumbó: un relato de ilusiones inalcanzables, inversores deslumbrados, fachadas meticulosamente edificadas y una falsedad que perduró más tiempo del debido. No solo es un ejemplo de una inversión que no tuvo éxito, sino también una advertencia de lo que sucede cuando el storytelling brilla más que la realidad
El nacimiento del mito: la joven prodigio de la sangre
En 2003, cuando dejó la Universidad de Stanford, Elizabeth Holmes contaba con tan solo 19 años. Estudiaba ingeniería química y había estado en laboratorios; allí se dio cuenta de algo que lo obsesionaría para siempre: su intenso temor a las agujas.
Ese temor sería la chispa que dio origen a Theranos.
Holmes concibió un método revolucionario que tiene la capacidad de llevar a cabo centenares de análisis sanguíneos con solo una gota obtenida por medio de una pequeña punción en el dedo. Un procedimiento que es expedito, portátil, accesible e indoloro. Una revolución que no solo es médica, sino también de índole social.

Lo que escasamente se conocía es que la idea, aunque inspiradora, se encontraba en conflicto directo con las restricciones científicas verdaderas. Los análisis de sangre necesitan volúmenes mínimos, estabilidad, reactivos concretos y calibraciones avanzadas. En resumen: no es tan simple como poner una gota en un aparato y conseguir resultados confiables.
Sin embargo, Holmes poseía algo más fuerte que la verdad científica: tenía carisma, ambición y relaciones… además de una habilidad extraordinaria para comercializar sueños.
La construcción de la visión: estética, narrativa y culto al liderazgo
Holmes comprendió rápidamente que la historia también es un factor importante para el éxito de una startup, además del producto. Y la de ella era adecuada para ganar Silicon Valley: una joven brillante, que había abandonado Stanford y deseaba transformar el mundo por medio de la tecnología. La comparación con Steve Jobs se dio casi inmediatamente, y ella no hizo mucho por sofocar ese fuego; más bien al contrario.
Empezó a hablar con un tono de voz inusualmente grave, que algunos exempleados dicen que era impostado. Empezó a vestir de negro y a repetir expresiones como:
«Estoy desarrollando algo que transformará el curso de la historia.»
Su empresa, cuyo nombre inicial era «Real-Time Cures», adoptó en 2007 el nombre más comercial: Theranos (Therapy + Diagnosis). La narrativa estaba lista.
Los inversores no tardaron en aparecer.
La lluvia de millones: inversores cegados por la promesa
Theranos brindaba algo irresistible: un avance tecnológico tan apreciable que parecía mágico, en una industria donde la innovación biomédica a menudo requiere décadas de investigación y aprobación regulatoria.
Y Silicon Valley es fanático de la magia.
Holmes obtuvo fondos de personalidades destacadas:
– La familia Walton (dueños de Walmart).
– Rupert Murdoch.
– Betsy DeVos.
– Larry Ellison.
– Henry Kissinger.
– George Shultz.
En total, más de novecientos millones de dólares.
Lo irónico es que la mayor parte de estos inversionistas carecía de formación en medicina. Eran políticos, empresarios, magnates de medios y figuras poderosas… pero carecían del conocimiento técnico necesario para cuestionar promesas imposibles. Holmes también limitaba la información interna para evitar auditorías externas.
Los inversores estaban adquiriendo una perspectiva, pero no la estaban contrastando.
El laboratorio secreto: una cultura de paranoia y control
El panorama dentro de Theranos era muy distinto al glamour exterior.
Los trabajadores estaban aislados entre las distintas áreas. Los técnicos del laboratorio no contaban con acceso a cómo funcionaban los analizadores internamente. Los ingenieros no tenían acceso a los resultados de los estudios clínicos. Los científicos recibían instrucciones contradictorias.
Holmes contaba con dos principios fundamentales:
1. Nadie debe saber más de lo que es estrictamente necesario.
2. Cualquier pregunta se toma como deslealtad.
La cultura de trabajo se tornó autoritaria. A quienes hacían muchas preguntas se les despedía. Se obligaba a firmar acuerdos de confidencialidad demasiado severos. Hasta se tomaban acciones legales contra antiguos trabajadores que intentaban advertir sobre deficiencias internas.
Existía temor. Silencio. Y una percepción persistente de que algo no encajaba.

Edison: la máquina milagrosa que nunca funcionó
Se decía que la máquina llamada Edison, un aparato diminuto, elegante y con forma de caja, era el corazón de Theranos. Los directivos lo presentaban como una revolución.
Edison, sin embargo, enfrentaba un obstáculo insuperable: no podía realizar con exactitud la mayor parte de los análisis que había prometido.
Los resultados eran contradictorios, se recalibraban de manera manual, no pasaban pruebas rutinarias y producían diagnósticos riesgosos: falsos positivos de cáncer, falsos negativos de enfermedades serias, alteraciones en los valores de hormonas o electrolitos…
Con el fin de no mostrar su fracaso, Theranos empleó un método imprudente: llevaba a cabo la mayor parte de las pruebas con equipos convencionales adquiridos a Siemens y los escondía de sus socios, pacientes e inversores.
Era como si vendieses un automóvil eléctrico innovador y, debajo del capó, ocultaras un motor diésel usado.
La gran expansión: acuerdos con Walgreens y Safeway
El relato de Theranos seguía creciendo a pesar de los errores internos.
Holmes firmó dos contratos por millones:
Walgreens, la cadena de farmacias más grande de EE. UU., destinó 140 millones de dólares para abrir clínicas pequeñas donde los enfermos tenían la posibilidad de hacerse pruebas con la célebre gota de sangre.
Safeway, una cadena de supermercados, destinó alrededor de 350 millones para adaptar clínicas dentro de sus establecimientos.
La tecnología no estaba funcionando, lo que era el problema. Y cada análisis defectuoso corría el riesgo de volverse una catástrofe sanitaria. Sin embargo, la maquinaria de relaciones públicas continuaba su marcha. Theranos tenía un valor de 9.000 millones de dólares. Según Forbes, Holmes era una de las féminas más adineradas del planeta.
Todo se sustentaba en una mentira y en una promesa.
La verdad empieza a filtrarse: empleados que ya no podían callar
El castillo de naipes empezó a desmoronarse cuando algunos trabajadores, que no podían soportar la mentira, optaron por tomar medidas.
Uno de los miembros del consejo de Theranos fue Tyler Shultz, el nieto de George Shultz, quien había sido secretario de Estado. Tyler halló fallos sistemáticos en los procedimientos del laboratorio e inconsistencias importantes en los resultados. No obstante, al intentar denunciar los problemas internamente, fue ignorado y presionado para que no hablara.
Fue en ese momento que optó por comunicarse con un periodista: John Carreyrou, del periódico Wall Street Journal.
Ese correo electrónico sería el comienzo del fin.
El artículo que derrumbó el imperio
Carreyrou llevó a cabo una investigación durante meses, realizó entrevistas a decenas de trabajadores y comparó datos técnicos. Theranos y Holmes intentaron asustarlo mediante presiones a los editores, campañas de descrédito y amenazas legales. Pero nada sirvió.
El artículo que cambiaría la historia fue publicado por el Wall Street Journal en octubre de 2015: Theranos había engañado a los pacientes, a los socios y a los inversores; sus resultados eran falsificados y su tecnología no funcionaba.
El artículo causó una reacción en cadena:
– La FDA inició una investigación.
– Walgreens interrumpió las colaboraciones.
– Los servicios han sido bloqueados en Nevada y Arizona.
– Los inversionistas solicitaron aclaraciones.
– La compañía perdió mucho valor.
Holmes trató de sostener la fachada, pero ya no era posible.
El mito había sido desmantelado.

El desmoronamiento final
La revista Forbes examinó la fortuna de Holmes en 2016 y determinó que había disminuido de $4,500 millones a cero. La compañía, que un año antes se consideraba un prodigio tecnológico, dejó de funcionar laboratorios, despidió a su personal y terminó contratos.
El Departamento de Justicia de Estados Unidos formuló acusaciones por fraude masivo en el año 2018. Holmes y su asociado Ramesh «Sunny» Balwani fueron denunciados por mentir a propósito a los pacientes e inversores.
Elizabeth Holmes fue sentenciada a más de 11 años de prisión en el año 2022.
Theranos se desvaneció oficialmente, dejando a su paso una estela de daños médicos, demandas, pérdidas millonarias y un vacío de credibilidad que Silicon Valley todavía no ha logrado llenar.
Lecciones para inversores: por qué Theranos falló y qué enseña
Theranos no es únicamente una empresa que fracasó. Es un espejo.
Un espejo que muestra cómo la mezcla de carisma, presión por innovar y hype puede anular el pensamiento crítico, aun en inversores experimentados.
Estas son algunas de las enseñanzas más impactantes que se extraen de este caso:
- Los datos no pueden ser reemplazados por el storytelling. No importa cuán inspiradora sea la visión: son imprescindibles las verificaciones independientes, auditorías, pruebas y cifras.
- La ausencia de experiencia es peligrosa. La incapacidad de determinar la viabilidad real del proyecto se debió a que la mayor parte de los inversionistas de Theranos no contaban con formación científica.
- La falta de transparencia es una señal de alerta. Cuando una compañía restringe el acceso a la información, impide las auditorías y penaliza preguntas difíciles, es un indicador de un riesgo muy alto.
- La presión por ser innovador no es una razón válida para mentir. Theranos no fracasó únicamente debido a una tecnología defectuosa, sino porque con premeditación engañó para mantener su imagen.
- Un CEO con carisma puede ser un arma de doble filo. Holmes era brillante en la venta de su visión; sin embargo, la admiración desmedida hizo que muchos pasaran por alto señales obvias de que algo no andaba bien.
Un final que redefine los límites de Silicon Valley
Theranos se ha vuelto un símbolo de fraude en tecnología. Su historia está presente en libros, charlas, series y documentales. Es un caso de estudio en instituciones educativas que se dedican a los negocios, la medicina, el derecho y la ética en los negocios.
Sin embargo, también ha funcionado como catalizador para las transformaciones:
– Más normativa,
– Mayor supervisión,
– Y un mayor escepticismo en el sector tecnológico.
Elizabeth Holmes tenía como propósito transformar el mundo.
Lo hizo, de algún modo… pero no como lo preveía.
Alteró el método por el cual los inversores examinan las startups biomédicas.
Transformó la cultura de adorar a los líderes sin ponerlos en duda.
Y alteró la percepción de riesgo en un ambiente donde «fake it till you make it» había sido el estándar durante demasiado tiempo.

Impresionante historia que no conocía, me gusta mucho este formato.
Podrían haber revolucionado todo.