Jue. Ene 15th, 2026

El mercado petrolero está pasando por un periodo de gran tensión. Las cotizaciones han mostrado nerviosismo en las semanas recientes debido a una mezcla de factores que varios especialistas consideran estructurales: un exceso global de producción, una demanda que no se impulsa con la intensidad prevista y un panorama energético que cambia rápidamente. Esa combinación convierte el crudo en una inversión riesgosa hoy, un indicador de las debilidades del sistema energético mundial y una disyuntiva para aquellos que invierten en energía, recursos naturales o industria.

Los precios del crudo experimentaron un aumento después de la reunión más reciente del grupo OPEC+. La decisión de mantener constantes los niveles de producción, excluyendo un incremento inmediato en el suministro y prometiendo una nueva regulación a futuro, creó una confianza pasajera en los mercados. El Brent Crudo, el referente europeo, y el WTI Crudo, su equivalente estadounidense, tuvieron un aumento de más del 1.5 %. La reacción parece ser una respuesta al alivio que produjo el anuncio de la pausa en la expansión de producción, en una situación donde existe el temor a un exceso de oferta mundial.

Sin embargo, es necesario proceder con precaución con ese aumento. Ya que bajo el aparente alivio se encuentran datos inquietantes: de acuerdo con el informe más reciente de la Agencia Internacional de Energía (IEA), para 2026 se espera un excedente sin precedentes en el mercado mundial del petróleo. La demanda se moderará debido a la desaceleración de la economía global, a las mejoras en eficiencia energética y al incremento de la transición hacia energías alternativas; sin embargo, el suministro aumentará significativamente gracias a la colaboración conjunta de los productores antiguos y los nuevos participantes, que incluyen países no miembros del cartel.

Los inventarios globales, que han estado aumentando de manera constante, ya están mostrando este desequilibrio. Las cifras del petróleo guardado en «oil on water», o sea, en embarcaciones y depósitos flotantes, han llegado a niveles que no se observaron desde los momentos más críticos de los excesos de oferta. La presión de los precios y la disminución del atractivo para realizar nuevas inversiones en el sector son causados por esa acumulación masiva que resulta de una producción desmedida ante una demanda modesta.

Este contexto presenta un dilema para los inversionistas. Por un lado, la reciente alza después de que se anunciara la pausa en la producción indica que el petróleo aún tiene capacidad para reaccionar a las decisiones de los productores o a eventos geopolíticos. Los precios pueden experimentar cambios bruscos cuando ocurren interrupciones del suministro, ya sea debido a sanciones, conflictos o desastres imprevistos; por ello, numerosos especuladores sostienen posiciones con la expectativa de que se produzcan tales olas alcistas. Por otro lado, las tendencias a nivel de estructura, como la sobreproducción, las opciones energéticas alternativas, el aumento de regulaciones medioambientales y una demanda cada vez más moderada, hacen que actualmente invertir en petróleo suponga un riesgo alto y exista la posibilidad real de que se produzcan depreciaciones importantes en el mediano plazo.

El pronóstico más reciente de JPMorgan ilustra esta ambivalencia: la entidad calcula que el precio del Brent podría descender a cerca de 57 dólares por barril para el año 2027, y el del WTI a alrededor de 53 dólares, si continúa la tendencia de exceso de oferta. La compañía advierte que, incluso si se producen revueltas geopolíticas o recortes temporales, la estructura del mercado actual, caracterizada por un incremento en la producción no convencional y una demanda mundial debilitada, podría seguir presionando los precios.

Esta situación ha llevado a los portafolios de inversores internacionales a ser reevaluados. Fondos enfocados en empresas energéticas, petroleras y de materias primas ya no son considerados como inversiones seguras con un rendimiento garantizado alto. En lugar de eso, muchos gestores optan por reducir exposición, diversificar hacia energía limpia, metales industriales o renovables, o simplemente mantener posiciones defensivas hasta que el mercado presente señales más claras de reequilibrio.

A la vez, hay personas que ven oportunidades en medio de la tormenta. Si el costo de extracción aumenta, si hay recortes reales o sanciones, o si se corrige el suministro debido a una saturación de inventarios, el precio del petróleo podría recuperarse. Esto beneficiaría a quienes ingresen en estos niveles bajos. Es una apuesta especulativa con un perfil elevado, pero que tiene la posibilidad de generar ganancias si el mercado es capaz de reconfigurarse.

El debate entre la estrategia defensiva a largo plazo y la apuesta a corto plazo ha cobrado más fuerza. Hoy invertir en petróleo implica aceptar una gran volatilidad y la posibilidad de caídas bruscas, aunque también da lugar a rebotar significativamente si la oferta se ajusta o si la demanda se reactiva. Para aquellos con perfiles conservadores, muchos analistas sugieren mantenerse al margen o disminuir la exposición; para los perfiles que soportan más riesgo, este podría ser un período de expectación.

El panorama también está cambiando para las compañías energéticas, además de los precios. Las empresas que se dedican a la exploración y producción están bajo presión: los costos de operación se incrementan, la rentabilidad baja y no tener certeza sobre cuándo el precio se recuperará desmotiva el lanzamiento de nuevos proyectos. Ya algunas compañías han hecho públicos el aplazamiento de nuevos pozos, la paralización de la expansión o la disminución de las inversiones en capital. Es un reflejo de que, a pesar de que el petróleo continúa siendo una fuente principal de energía, la tendencia a crecer continuamente en producción ya no es convincente para muchos.

Este cambio estructural tiene importantes consecuencias: no solamente para los inversionistas, sino también para las economías nacionales que dependen del petróleo, la geopolítica mundial, las decisiones relacionadas con la energía y el proceso de transición hacia fuentes más limpias. La volatilidad del petróleo y sus riesgos intrínsecos se hacen más evidentes en un mundo donde la sostenibilidad va ganando terreno.

Sin embargo, el petróleo no se extingue de un día para otro. Sigue siendo fundamental para la logística, el transporte, la petroquímica, la generación de energía en numerosas zonas y como combustible a nivel mundial. Su papel no se desvanece instantáneamente. Sin embargo, su atractivo como inversión financiera, tal y como era en décadas anteriores, está siendo fuertemente cuestionado.

Lo que resulta evidente es que el petróleo ya no será una inversión segura en 2025. Es una decisión con un alto riesgo en la que ya no se garantiza el retorno. Es esencial prestar atención a la evolución mundial para aquellos que opten por participar: a las decisiones de los principales productores, a la política energética global, a la demanda real y al paso hacia energías renovables. Cada uno de estos elementos tiene el potencial de modificar el equilibrio, y por ende, las probabilidades de obtener ganancias o pérdidas.

Es aceptar un entorno complicado y lleno de incertidumbre, con fluctuaciones abruptas y una tendencia subyacente que se transforma rápidamente, invertir en petróleo hoy. Sin embargo, también es aceptar la posibilidad lejana, incierta y volátil de que el petróleo recupere su valor, de que el mercado se reajuste y de que los inversores tengan ganancia si apuestan en el momento adecuado. El petróleo sigue siendo uno de los activos más discutidos, más controversiales y, posiblemente, más decisivos en épocas de nervios globales, decisiones energéticas y cambios profundos.

Y mientras el mundo se mueve entre el exceso de oferta y la búsqueda de equilibrio, los inversores aún tienen por delante un terreno incierto. El petróleo sigue allí: frágil, imprevisible, controversial. Pero vivo.

por Cristo

2 comentario en “El petróleo se tambalea: exceso de oferta y apuestas de inversión en tiempos de incertidumbre”

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