Dom. Nov 30th, 2025

España ha anhelado, a lo largo de décadas, establecerse como un protagonista clave en el panorama industrial europeo, particularmente en la industria automovilística. Esta aspiración, que se remonta a la época de prosperidad industrial de los años ochenta, ha hallado una nueva oportunidad con el cambio mundial hacia la movilidad eléctrica. Sin embargo, lo que nadie preveía con claridad es que este proceso sería acompañado por una invasión de capital chino de proporciones históricas. España ha conseguido hoy captar más de 10.000 millones de euros en inversiones de compañías chinas que aspiran a establecerse en Europa para desarrollar proyectos relacionados con el hidrógeno verde, las baterías de nueva generación y los automóviles eléctricos. Este fenómeno no solo implica un aumento en términos de inversión extranjera, sino que también representa para el modelo industrial español y su rol en la transición energética del continente una inflexión.

Las inversiones que se han comunicado recientemente son el resultado de un proceso tecnológico, económico y diplomático que ha experimentado una aceleración significativa. España, que sabe que la industria automovilística continúa siendo uno de los fundamentos de su economía, ya que representa alrededor del 10 % del PIB y más de dos millones de empleos directos e indirectos, ha tomado la decisión de respaldar decididamente la electrificación. China, que es el líder indiscutido en la fabricación de baterías y autos eléctricos, ha hallado en el país ibérico un aliado atractivo, estratégicamente ubicado en la Unión Europea y estable. La coincidencia de intereses ha sido evidente: España demanda tecnología, proyectos industriales de gran escala y capital. Por su parte, China precisa de mercados, fábricas dentro de la Unión Europea para evitar las tensiones arancelarias y aliados con experiencia en infraestructura y logística.

Envision, un gigante chino que se especializa en baterías y soluciones energéticas, es de las empresas que más invierten. La compañía ha comunicado que instalará en España una planta de electrolizadores de gran tamaño, con el objetivo de producir hidrógeno verde: un tipo de tecnología que tendrá un rol central en la descarbonización industrial. La estimación de la inversión en el proyecto es más de mil millones de euros, y se suma a una macroinversión adicional que la misma empresa ya había acordado previamente: erigir una planta de baterías con alta capacidad en Cáceres, cuyo costo aproximado es superior a 2.500 millones de euros. Este movimiento dual hace de Envision uno de los participantes internacionales más importantes en la nueva generación del sector industrial español. Su apuesta muestra que España se presenta no solo como ensambladora de vehículos eléctricos, sino también como un espacio en el cual la tecnología energética que los alimentará es desarrollada y fabricada.

España tiende puentes de seda con China para captar inversiones  multimillonarias | Negocios | EL PAÍS

Sin embargo, Envision no es la única compañía que participa en esta tendencia de inversión. En Andalucía, Hygreen Energy, otra compañía china con especialización en hidrógeno verde, ha confirmado un proyecto industrial que tiene un valor de aproximadamente mil millones de euros. La empresa tiene previsto producir electrolizadores y elementos relacionados con la producción de hidrógeno renovable, utilizando la gran cantidad de energía eólica y solar que hay en la zona. Andalucía ha pasado a ser una región de gran atractivo para este tipo de proyectos, dado que cuenta con vastas áreas de terreno industrial y uno de los mayores potenciales fotovoltaicos en Europa. El arribo de Hygreen Energy no implica únicamente tecnología y trabajo, sino también un empuje directo a la estrategia española para establecerse como líder en la producción y exportación de hidrógeno verde hacia el norte de Europa, donde la demanda va en aumento.

La inversión que probablemente llame más la atención de los ciudadanos es la que ha realizado CATL, el productor de baterías más grande del planeta, quien ha declarado junto a Stellantis la construcción de una fábrica gigantesca en Zaragoza con un costo superior a 4.000 millones de euros. Este proyecto representa uno de los desembolsos industriales más grandes que se han realizado en la historia reciente de España. La planta utilizará baterías de LFP (litio-ferrofosfato), una opción más asequible y estable que otras químicas más complejas, pero también más caras. Con este movimiento, Stellantis asegura la provisión de baterías locales para sus plantas en España, y CATL logra consolidarse físicamente en el mercado europeo, lo cual es fundamental cuando la Unión Europea ha aumentado sus políticas de disminución de dependencia tecnológica.

El regreso de la actividad automovilística en Barcelona, que se ha dado por la llegada de Chery, el cual ha revitalizado la antigua fábrica de Nissan en la Zona Franca, contribuye a esta tendencia. La fábrica, que quedó desierta después de que Nissan cerrara en el año 2021, ha hallado un nuevo objetivo industrial con la firma china: fabricar progresivamente autos eléctricos en colaboración con EV Motors, una compañía española. Esta operación para Barcelona no solo significa la recuperación de miles de puestos de trabajo, sino además la revitalización de un centro industrial que había sufrido después de que la empresa multinacional japonesa se marchara. Chery tiene como meta declarada que, antes de terminar la década, produzca hasta 150.000 autos eléctricos al año, un volumen que posicionaría a su planta entre las más relevantes del sur de Europa en términos de movilidad sin emisiones.

No se puede explicar solo por factores industriales el interés de España para estas inversiones. La política, además, ha tenido un rol esencial. El Gobierno español, en comparación con otros miembros de la Unión Europea, ha tenido una postura más abierta con respecto al ingreso de capital chino en áreas estratégicas durante los últimos meses. En visitas oficiales a Pekín, se han entablado diálogos de alto nivel con el objetivo de fortalecer la confianza recíproca y comunicar a las compañías chinas que España brinda un ambiente propicio para la cooperación en términos tecnológicos, así como estabilidad legal, mano de obra calificada y terrenos industriales. Paralelamente, España ha defendido, en el marco de la Unión Europea, reducir la presión arancelaria sobre los coches eléctricos provenientes de China, lo cual ha producido una buena impresión en Pekín. A pesar de que no es una postura rupturista, sí es una posición más flexible que la de otras naciones europeas, lo cual ha favorecido que el gigante asiático observe a España con mayor disposición.

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El impacto económico de estas inversiones es extenso y significativo. En primer lugar, se prevé que se creen miles de empleos directos y decenas de miles indirectos en ingeniería, logística, mantenimiento, aprovisionamiento y servicios relacionados. La industria automotriz es una cadena compleja que requiere desde compañías de software hasta proveedores de piezas, incluyendo redes para la distribución y centros para el reciclaje de baterías. La llegada de decenas de empresas pequeñas y medianas, muchas de las cuales son españolas, puede ser impulsada por un único proyecto, como la gigafábrica de CATL. Estas empresas hallarán nuevas maneras de expandirse y hacer negocios.

En segundo lugar, estas inversiones robustecen la independencia energética de la nación. España, que ha dependido de las importaciones de combustibles fósiles en el pasado, tiene ahora la oportunidad concreta de transformarse en un productor esencial de tecnologías energéticas limpias. Las fábricas de electrolizadores de Hygreen Energy y Envision posibilitarán la producción a gran escala del hidrógeno verde, mientras que las plantas de baterías de Envision y CATL asegurarán una provisión continua de almacenamiento energético. Esto disminuye los peligros geopolíticos, reduce la dependencia de otros países y coloca a la nación en la lucha mundial por obtener energía limpia.

En tercer lugar, estas inversiones ubicarán a España en un lugar estratégico dentro de la reestructuración industrial que está ocurriendo en Europa. Todos los productores de automóviles están siendo forzados por la electrificación a reestructurar sus fábricas, procesos y cadenas de suministro. En España, contar con la producción de componentes esenciales como electrolizadores o baterías brinda un beneficio comparativo muy importante. Esto se complementa con la capacidad logística del país, que posee una red de transporte moderna, algunos de los puertos más relevantes de la región y conexiones estratégicas con América Latina y África. En una Europa que está buscando nuevas rutas de energía y logística, la posición geográfica de España, considerada periférica en el pasado, ahora tiene un nuevo valor.

No obstante, este proceso también presenta importantes retos. La dependencia de capital foráneo, si no se maneja con prudencia, puede provocar debilidades a lo largo del tiempo. En un entorno en el que se agudiza la competencia tecnológica entre Estados Unidos, Europa y China, algunos sectores académicos y políticos han manifestado inquietudes acerca de que compañías chinas tengan control en campos clave durante la transición energética, lo cual podría dar lugar a tensiones geopolíticas. Asimismo, la UE ha comunicado recientemente que implementará procedimientos más rigurosos para supervisar las inversiones extranjeras en sectores críticos, lo cual podría obstaculizar futuros planes o demorar su aprobación.

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El desafío tecnológico es otro de gran importancia. Pese a que España tiene la responsabilidad de garantizar que haya suficiente transferencia de conocimiento para evitar que el país se vuelva solo un territorio de ensamblaje, China es el líder mundial en vehículos eléctricos y baterías. Es esencial para que la industria española aumente su competitividad el reforzar los centros de formación profesional, promover la investigación a nivel local y fomentar la cooperación con universidades. Siempre que se generen alianzas duraderas que incorporen programas de innovación conjunta, la presencia de compañías como CATL o Envision puede ser una oportunidad extraordinaria para ello.

El tercer reto es el de la infraestructura. La proliferación de vehículos eléctricos requerirá una red de recarga más amplia y eficaz que la existente en la actualidad. Pese a los progresos de los años recientes, España todavía se encuentra lejos de llegar a las cifras de infraestructura pública que tienen países como China, Alemania o Francia. Las inversiones de China tienen el potencial de impulsar esta transición, aunque es necesario una estrecha coordinación con las compañías energéticas y con los gobiernos públicos españoles.

Siempre genera discusión la llegada de grandes empresas extranjeras desde el punto de vista social. Si bien estas inversiones generan trabajo, hay también inquietud acerca de la calidad de esos empleos, el potencial apego a las compañías con intereses estratégicos propios y el efecto medioambiental que tienen las nuevas fábricas. Particularmente debido a que muchos de estos proyectos estarán relacionados con fondos y regulaciones de la Unión Europea que exigen condiciones rigurosas, España deberá asegurar que los proyectos cumplan con estándares laborales, medioambientales y de sostenibilidad más altos.

A pesar de los retos, la tendencia general es muy positiva. España está consiguiendo afirmarse como uno de los sitios preferidos para la industria verde a nivel mundial y está exhibiendo una combinación de elementos que es difícil hallar en otras naciones: costes competitivos, estabilidad política relativa, mano de obra capacitada, capacidad logística, un mercado interno que está en plena transición hacia la electrificación, así como una superficie libre para proyectos de gran envergadura y abundancia de energías renovables.

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Todo indica que esta ola de inversión no se detendrá aquí. Si los proyectos en curso se llevan a cabo de acuerdo con el calendario, España tendría la posibilidad de atraer nuevas inversiones por parte de productores chinos que todavía no han hecho su entrada al continente europeo o que buscan incrementar su presencia. Compañías como Geely, SAIC o BYD están creciendo de manera agresiva por el continente y no sería raro que España fuera considerada en los años venideros para nuevas instalaciones de ensamblaje, fábricas de baterías o centros de software. España tiene en la actualidad una oportunidad histórica: transformarse en uno de los núcleos neurálgicos de la movilidad eléctrica europea, lo cual se veía casi imposible hace diez años.

Para concluir, la llegada de más de 10.000 millones de euros provenientes de compañías chinas supone un cambio significativo en el panorama industrial de España. No es simplemente cuestión de capital foráneo, sino de una reconfiguración del modelo productivo hacia áreas sostenibles, energéticas y tecnológicas. Si España gestiona adecuadamente esta oportunidad, se puede enfrentar a una encrucijada crucial y dar un salto cualitativo que redefina su economía en las siguientes décadas. La transición energética ya no es solamente una cuestión de políticas relacionadas con el clima; se ha transformado en una competencia industrial a nivel mundial. Y en esa competición, España comienza a participar en una liga más ambiciosa, con aliados que, aunque distantes, han descubierto en nuestra nación un suelo fértil para edificar el futuro.

por Cristo

3 comentario en “España atrae más de 10.000 millones en inversiones chinas para el desarrollo del coche eléctrico”

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