Jue. Ene 15th, 2026

La OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) ha corroborado una predicción que, hasta hace poco, parecía improbable en el contexto internacional actual: En 2025, España será la economía desarrollada con mayor crecimiento. La entidad estima que la expansión de España será aproximadamente del 2,9 % en el presente año y sostiene que la nación soportará mejor que sus pares europeos y norteamericanos las alteraciones en el comercio mundial, los altos tipos de interés y la incertidumbre geopolítica. Este pronóstico no solo reconoce el reciente crecimiento económico del país, sino que también alerta a los inversores internacionales que habían subestimado la capacidad de España para recuperarse económicamente durante años.

La predicción se produce en un momento en el que la economía global atraviesa una coyuntura incierta. Aunque se ha moderado, la inflación sigue siendo un reto permanente; los bancos centrales continúan ajustando sus acciones para prevenir una nueva crisis económica; y los conflictos en diferentes partes del mundo siguen teniendo impacto sobre los precios de la energía y las cadenas de distribución. En este contexto, numerosas naciones desarrolladas se han visto forzadas a reducir sus expectativas de crecimiento, en particular en Europa, donde Alemania y Francia afrontan estancamiento y presión industrial. Por otro lado, el caso de España se distingue como una excepción inusual dentro del grupo: una economía que avanza sin detenerse, resistiendo las conmociones externas y conservando un dinamismo que actualmente atrae la atención de analistas, inversores e instituciones internacionales.

La cuestión que surge ahora y moldea la narrativa económica de 2025 es por qué España está experimentando un crecimiento superior al de otras naciones desarrolladas. Para comprender esta trayectoria en ascenso, es necesario observar tanto los factores estructurales como los elementos coyunturales. Uno de los principales motores está relacionado con la reactivación del turismo, que no solo se ha estabilizado después de la pandemia, sino que además ha llegado a niveles históricos. España se ha establecido como el lugar turístico más activo del planeta, en términos de visitantes y gasto medio, incluso superando a Italia y Francia en ciertos tramos del año. Este sector, que es un componente significativo del PIB, funciona como un motor económico que influye en otras industrias vinculadas, tales como la restauración, el comercio minorista, los servicios recreativos, la hostelería y el transporte.

No obstante, no todo el desarrollo puede ser atribuido al turismo. Un factor importante es la impresionante resistencia del mercado de trabajo en España, que ha asombrado incluso a los analistas más optimistas. El empleo se ha creado de manera firme, la cantidad de empleados que están afiliados a la Seguridad Social ha alcanzado cifras sin precedentes y la temporalidad ha bajado; este último es un factor que, históricamente, se ha identificado como uno de los problemas estructurales del país. El consumo interno ha sido impactado directamente por el incremento en los sueldos medios y la mejora de la estabilidad laboral, lo que ha hecho que se vuelva uno de los ejes fundamentales del actual crecimiento económico español. Mientras otros países europeos enfrentan un consumo debilitado, España ha logrado sostener el gasto de los hogares a niveles superiores a los esperados.

Los fondos europeos del programa Next Generation EU constituyen otro elemento fundamental que, a menudo, se pasa por alto en la conversación pública. España ha pasado a ser uno de los países más dinámicos en la implementación de estos fondos, que se utilizan para proyectos de modernización industrial, renovación de infraestructura, digitalización y transición energética. Estos fondos funcionan como un estímulo extra que no solo robustece la actividad actual, sino también establece las bases para un posible crecimiento a medio y largo plazo. Áreas como la tecnología, las energías renovables, la movilidad eléctrica y la eficiencia energética están siendo objeto de inversiones que tienen un impacto multiplicador en la economía.

A pesar de estos progresos, la OCDE también destaca retos significativos que España tiene que enfrentar para mantener su posición de liderazgo. La productividad es uno de los principales, y todavía está por debajo del promedio europeo. Para mantener un crecimiento sólido a largo plazo, el país debe acelerar la optimización de la eficiencia empresarial, el capital humano y la innovación. La deuda pública excesiva es otro reto significativo, que sigue siendo un factor de vulnerabilidad en medio de tasas de interés aún elevadas, y a pesar de estar en una trayectoria a la baja. La OCDE alerta que, aunque el crecimiento contribuye a disminuir la relación entre la deuda y el PIB, son necesarias políticas fiscales prudentes para prevenir retrocesos.

Asimismo, el organismo indica que la economía de España es especialmente susceptible a los precios de la energía por su alta dependencia de las importaciones y que cualquier impacto global en este sector podría desacelerar el progreso. No obstante, admite que España ha progresado notablemente en la diversificación de su energía, al transformarse en un centro de gas natural licuado y elevar su capacidad productiva de energías renovables a niveles más altos que los de muchos de sus socios europeos.

En cuanto a la inversión, España ofrece un escenario especialmente propicio. El país se vuelve un lugar de interés para el capital foráneo al crecer más que otras grandes economías desarrolladas. El sector inmobiliario continúa atrayendo inversiones extranjeras, sobre todo en áreas como la logística, las viviendas en alquiler y las oficinas, en ciudades tales como Málaga, Madrid, Valencia y Barcelona. Mientras tanto, el sector tecnológico muestra indicios de consolidación, con un incremento en la cantidad de startups emergentes y un interés más elevado por parte de fondos internacionales de capital riesgo. Las iniciativas asociadas con la transición energética también están en alza, estimuladas por las subvenciones de la Unión Europea y la necesidad mundial de descarbonizar.

El reporte de la OCDE también resalta que el sector industrial español está renaciendo, pues está volviendo a ser competitivo debido a las inversiones en energías renovables, digitalización y robotización. Sectores industriales como el químico, el automotriz y el de fabricación tecnológica están adecuándose con rapidez al nuevo modelo global que establece la sostenibilidad y la eficiencia. España se está estableciendo como un futuro núcleo europeo en baterías, hidrógeno verde y movilidad eléctrica, lo cual podría fortalecer nuevas áreas de expansión en los próximos diez años.

Otro tema relevante es el comportamiento del sector financiero español. La banca ha mantenido beneficios sólidos, impulsados por los altos tipos de interés, lo que ha contribuido a fortalecer los balances y a aumentar la concesión de créditos empresariales. Este entorno, aunque no exento de riesgos, ha permitido que las empresas españolas cuenten con acceso a financiación para invertir, expandirse y contratar más personal. La OCDE subraya que la estabilidad financiera ha sido un factor clave para evitar una desaceleración más severa, especialmente en un momento en el que otras economías europeas presentan tensiones en su sistema bancario.

La confianza empresarial, que se ha mantenido en niveles positivos en comparación con el resto de Europa, también está influenciada directamente por la dinámica del mercado laboral. Áreas como la manufactura industrial, los servicios avanzados y la construcción presentan un optimismo moderado pero persistente, lo cual ayuda a mantener la inversión privada. No obstante, el informe recuerda que es necesario que España siga trabajando en la mejora de la capacitación profesional, la competencia tecnológica y la productividad para fortalecer su competitividad futura.

La respuesta de los inversores internacionales es uno de los elementos más fascinantes de esta previsión. Según las firmas de análisis globales, España tiene una combinación particularmente atractiva: un crecimiento por encima del promedio, una relativa estabilidad política en relación con otros países europeos y una economía variada que ofrece grandes posibilidades en sectores como el turismo, la energía, la tecnología y las infraestructuras. Esto pone al país en el punto de mira de fondos internacionales que buscan mercados desarrollados con potencial para obtener mayores rendimientos.

Un entorno propicio para las compañías nacionales e internacionales también se origina por el crecimiento del consumo, que es impulsado por la mejora del trabajo y el incremento de los salarios. Los sectores de transporte, alimentación, ocio y comercio al por menor continúan creciendo, lo que refuerza la sensación de estabilidad económica. Los analistas afirman que este dinamismo en el consumo interno es una ventaja comparativa frente a otras naciones, como Alemania, cuyo consumo ha permanecido estancado durante meses.

El desempeño del mercado inmobiliario en España, por otro lado, ha demostrado una resiliencia particular. A pesar de que los altos tipos de interés han tenido un impacto en el mercado inmobiliario, España continúa siendo uno de los países europeos donde la demanda se mantiene fuerte, gracias a las personas nacionales y extranjeras que consideran el sector inmobiliario como un refugio seguro. Este sector sigue atrayendo inversiones, particularmente en lo que concierne a vivienda de alquiler, renovación urbana y creación de nuevos espacios económicos.

Según el informe de la OCDE, España es un país esencial en el nuevo mapa económico mundial. España se destaca como una excepción positiva en medio de la desaceleración estadounidense, la estancamiento alemán y los problemas del Reino Unido. Esto no solamente optimiza la imagen del país a nivel internacional, sino que también tiene el potencial de resultar en una mayor afluencia de inversión extranjera, un fortalecimiento de la confianza financiera y una consolidación del crecimiento interno.

El desafío es conservar esta línea de conducta. La OCDE sostiene que España debe continuar fomentando la inversión, tanto pública como privada, en áreas de digitalización empresarial, educación tecnológica, innovación y sostenibilidad industrial. Para los próximos años, el objetivo será afianzar este crecimiento y transformarlo en un proceso estructural a largo plazo, no meramente temporal. Para lograrlo, será esencial maximizar el uso de los fondos europeos y fortalecer la cooperación entre el sector privado y público.

España enfrenta 2025 con un empuje que contrasta marcadamente con el resto del mundo desarrollado, a pesar de los retos. La llegada de inversiones, la recuperación del turismo, la ejecución de fondos europeos, el consumo robusto y un mercado laboral sólido han creado un ambiente económico que explica la actitud optimista de la OCDE. Si el país continúa con la misma tendencia, tiene la posibilidad de no solo encabezar el crecimiento en 2025, sino también de establecer los cimientos para diez años de desarrollo económico sostenible.

por Cristo

3 comentario en “España lidera el crecimiento económico en 2025”

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